Un batido de mango y otro de moras, para la dama y para el caballero. En el caso del caballero, en compensación por la última salida de tono explotando las reglas del juego. Y sobre todo, y ya para ambos, en recuerdo de su visita a la Cuna de Cervantes.

(Y no, no voy a comentar nada sobre el bonito color lila del batido de mora, que por cierto, estaba bien rico).

Besotes